
Seguramente, ustedes querrán encontrar aquí razones, argumentos que justifiquen por qué lo hice. Sinceramente, me importa un bledo lo que ustedes deseen, yo hice lo que sentí. Aun así, mis razones fueron, son y serán irrefutables, es más, siento pánico al contárselas, porque creo, que al enterarse de ellas, muchos querrán imitarme. Aunque pensándolo bien, agraciado el que me emule, porque así obtendrá la única y absoluta libertad.
A decir verdad, hubo varios puntos fundamentales. Uno es que este mundo es un infierno. Yo siempre lo creí así, aunque una débil esperanza me hacía titubear; pero el contacto con las personas la destruyó, convenciéndome de aquello. ¿De qué se compone un infierno? De demonios. Es por es que sostengo que el mundo lo es. Sus habitantes son demonios que gustan de devorar a los inocentes, que yo los llamo ángeles, el grupo minoritario, los pocos diferentes. Yo no me creí un ángel ni mucho menos, porque yo tengo un poco de maldad en mi corazón. Pero esto es normal: todos la tienen, es sólo que algunos más, los demonios puros, y otros menos. Me consideré, entonces, un híbrido, hijo de ángel y de demonio, por eso presa fácil de estos últimos, altamente engañable.
Otra razón es que yo siempre fui una rata, me identifiqué con ese ser. Una rata tiene velocidad, sabe huir y es muy difícil de capturar directamente. Fue así como escapé de muchos intentos que tuvieron de devorarme. Pero las ratas, a pesar de su dinamismo, caen en la trampa más estúpida, ejemplo de ello son las tramperas. Mi ingenuidad me hizo caer en ellas y padecí las consecuencias, pero no por la trampa en sí, sino al dar cuenta de quiénes fueron mis captores.
Fue por eso que lo hice. Por eso y por mucho más. Son tantas las razones que pueden llevar a uno a tomar una decisión drástica como esta como lo grande que es el mundo. Pero son pocos los que la llevan a cabo. De todos modos, ahora ya es muy tarde. Están golpeando la puerta, me encontraron, saben cual es mi intención y ya están entrando, para evitar que haga lo que quiero hacer.
N. del A.: Este texto tiene más de 4 años.